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más allá de la carne

nella

Jun 26, 2026

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más allá de la carne
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Cada aliento, cada latido, cada espasmo de este sentimiento no es más que un secreto guardado a presión, aguardando el segundo exacto en que la vida decida revelarse. El cielo no es infinito, tiene sus bordes, sus rejas de estrellas; pero te juro que no hay matemática, ni fórmula, ni mente capaz de calcular la intensidad de lo que guarda este pecho. Es una magnitud que desborda el mapa.

Traigo tinta de colosos para curar dolores de titanes. Soy arquitecta de versos que tienen ese gusto agridulce, esos sinsabores deliciosos que te obligan a volver a probarlos. Me pierdo en el humo, ahí donde toso y coso versos contra la luna, observando cómo la realidad se esfuma, caprichosa, como si no quisiera ser atrapada por nadie. Soy esa niña vieja de alma quebradiza y verso afilado, la que carga con una lágrima lista para caer, pero que usa el lapicero para diseccionar el mundo. Miro el espejo y ya no busco mi reflejo, busco entender las miradas que habitaron mis ojos. Ya no me dejo engañar por las palabras; el lenguaje es un río que a veces trae barro, y yo ya aprendí a filtrar el agua.

Me pregunto en el silencio: ¿habré nacido para incendiarlo todo, para ser la antorcha, o simplemente para ofrecerle sombra a los que están cansados de caminar bajo el sol? Lo que escribo es sagrado, una pieza única, algo que no tiene etiqueta de precio en este mundo tibio que todavía insiste en confundir el amor con el odio, como si el fuego y el hielo no fueran hermanos de la misma desdicha.

Aprendí a leer la cartografía de mi vida en las líneas de mis propias manos. Ahí leí la resistencia. Renegar del poder es mi naturaleza; nunca me sentó bien el trono, ni me enseñaron los modales de la obediencia. Escribo porque es mi forma de conocerme, porque necesito excavar un lugar donde por fin pueda sentir que pertenezco a algo, aunque sea a mi propia tristeza. Escribo mi dolor, sí, pero es un acto de supervivencia. ¿Qué otra cosa puedo hacer, si el llanto fue la primera lección que me dictaron al nacer?

No olvides nunca que tu cuerpo es un templo que, aunque tiemble, sigue siendo sagrado. Tu nombre es una luz, pero tu apellido es solo un peso que no tenés por qué cargar si no te pertenece. Me hice mi propia guía, huérfana de tutores, creciendo como una bestia salvaje que aprendió que, quien no conoce autoridad, corre el riesgo de volverse tirano de su propia soledad. El triunfo es esa trampa dorada, el espejismo que te distrae mientras el tiempo se te escurre.

Quizás, la verdadera épica de hoy no sea cambiar el mundo, sino simplemente que te bajen la medicación en un mes, que tu interior empiece a sanar por sus propios medios. Ese muchacho oji-azules entendería perfectamente este proceso de ir soltando lastre.

Y en ese instante, en ese lazo de tinta y papel, encuentro la paz. Es ahí donde el llanto se espanta. Quisiera que mi final sea así: entrar en la muerte con la elegancia de aquel pájaro que vi hoy, escondiéndose entre las ramas de un enebro, diluyéndose hasta dejar de ser carne, para ser solamente canto.

nella

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