2022, creo.
Es gracioso. Estamos a cuatro pisos de distancia y aún así me las ingenio para llegar tarde. Perdón. Supongo que la culpa es parte de mi rutina diaria. Mientras bajo en el ascensor pienso en las veces que te vi antes. Cuando tenía 14 y parecías inmenso e inalcanzable o cuando estrené los 20 con vos arriba mío. Tengo que luchar el impulso de narrarlo. Siento que estoy al borde de quebrar un pacto invisible de confidencialidad. No sé si realmente existe. Aún así largo un perdón lejano y espero que llegue a cubrir las veces anteriores dónde si lo rompí. Por alguna razón este cuaderno es el límite. La línea sagrada que trazan sus renglones. Incluso en mi desértica intimidad escribo con miedo. Cómo si el secreto incorrecto me pudiese martillar contra una cruz. Es gracioso. Soy mártir hasta en mis propias fantasías.
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