hoy conocí a martina, una pelirroja con la osa mayor dibujada en el rostro. sus lunares, al unirlos, creaban esa constelación; me perdí un rato en eso, sintiéndome tonto mientras mentalmente trazaba sus líneas. ella me vio, y nos reímos. me puse rojo; nunca había visto a una chica así.
hablamos de la vida, mientras el sol se ponía. agarró un cigarro y lo puso en sus labios, me miró por un par de segundos y me perdí en su pequeña sonrisa. me habló de su familia, de su padre alcohólico que abusa de su madre. me contó que es la mayor de cinco hermanos, y que trabaja para costearse sus estudios. quiere ser artista, pero tiene miedo a morir de hambre. me contó que camina sin rumbo porque prefiere estar en la calle; a veces hace retratos por propina, y dice que eso le gusta.
la escuché con atención. se veía delgada, su piel era pálida. noté un par de golpes en su muñeca, pero no me atreví a preguntar. me ofreció un cigarro; lo rechacé. le dije que estaba enfermo, y se rió. me dijo que los chicos buenos no fuman; yo solo negué.
martina era distinta; su voz era grave, casi ronca por el tabaco, y veía la vida de otra manera. creo que me gustaba, porque, a diferencia de mí, ella sí tenía un deseo real de vivir.
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