Marea valiente
y un árbol que crece hacia abajo,
nunca hacia arriba.
Fue la vez que
sobre un trozo de luna
te viste desnuda y dormida.
Y tu sueño se te escapa,
brota por tus manos,
nace entre suspiros.
Eres un mundo que oscila
entre llanos de árboles finos
y silenciosas playas.
La arena envidia al mar
porque ella refleja el brillo,
yo envidio tus ojos
porque ocultan mucho más que los míos.
Pero no soy como la arena,
espiando por debajo
como quien no quiere la cosa.
Sé muy bien que te amo
porque alguna vez, me han amado.
Sé muy bien quién eres
porque me lo has contado.
La luna estima cada noche
cuánto crecerá la espuma
para rozar suavemente tus talones.
Y entonces, salen chispas.
Luego anota en su diario
cada milímetro que avanzan
tus cabellos
y cada vez, observa con predecible asombro.
Cuando despiertas,
deja lista en la cocina
una bandeja.
Para que sirvas
el té caliente
en nuestra mesa.
Yo siempre hablo con ella
y siempre es el mismo acuerdo:
prometo ser como la marea
si ella cumple con su promesa:
el amor crece hacia abajo,
nunca hacia arriba.
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