Me saludabas con las manos frías, y hubiera extrañado que me dijeras "buenos días, mi vida" si alguna vez lo hubieras hecho. Extrañaría las margaritas, las rosas y los ramos, aunque me hubiera conformado con tus ánimos cuando fuera que los abrazara.
En la fila las chicas siguen congelandose, disimulando su anhelo, sus ganas de algo tibio, pero solo les das té frio.
Sé que ellas pasarán las tardes en nuestro parque, sé que ellas también esperarán a que algo te haga razonar, que te haga cambiar.
Pero se fijarán en el endulzamiento que dan tus ojos, hipnotizadas hasta que no aguanten más.
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