Hay otra de mí
sentada al fondo de mi habitación,
inmóvil como una figura
pintada sobre la sombra.
No habla.
Solo sostiene entre las manos
un ramo de caminos no tomados,
y de vez en cuando
deja caer uno a mis pies
para recordarme
la forma exacta de lo que no fue.
Amanezco con piedras en el pecho.
La noche no descansa,
me teje por dentro
una red de preguntas
tan fina y persistente
que al abrir los ojos
ya estoy atrapada en ella.
Deseo una presencia,
un lugar donde apoyar la cabeza.
Pero mi voz llega deshilachada,
como una carta mojada
cuyas palabras se borraron en el trayecto.
El mundo sigue corriendo
como un río que no se detiene.
Desde la orilla
veo pasar rostros, estaciones,
luces encendidas,
vidas que parecen conocer
el idioma secreto del movimiento.
Yo permanezco
con los pies hundidos en el barro,
mirando el agua llevarse
todo aquello que no supe nombrar.
Entre mi cuerpo y los demás
hay un vidrio cubierto de niebla.
Las voces lo atraviesan deformadas.
Las sonrisas llegan tarde.
Los abrazos rozan la superficie,
pero no alcanzan el centro.
Extraño a una criatura
que tal vez nunca existió.
La persigo
como se persigue un ciervo blanco
entre los árboles,
siempre visible,
siempre un poco más lejos.
La tarde se enfría en la taza.
La lluvia empaña la ventana.
Las casas ajenas encienden sus constelaciones.
Y yo sigo aquí,
sentada junto a mis ruinas,
recogiendo con cuidado
los fragmentos de una forma
que no recuerdo del todo.
Y aun así,
cada mañana
junto las piedras del pecho,
las guardo en los bolsillos
y salgo nuevamente al mundo.
If you liked this post, consider buying the writer a coffee
Buy a coffeeOur picks
Become a supporter of quaderno
Support this independent project and get exclusive benefits.
Start writing today on quaderno
We value quality, authenticity and diversity of voices.


Comments
There are no comments yet, be the first!
You must be logged in to comment
Log in