madre.
Aug 21, 2026
de adolescente tuve un sueño de ser madre. era un sueño tenue y tierno, microscópico, casi, como una hojita que va a nacer. quería nutrirlo, pensar en ese sueño como una pequeña meta para cuando fuese a ser una mujer hecha y derecha, establecida en el mundo; quería dar frutos cuando mis raíces fuesen fuertes y robustas. así era al principio.
no quería tener una mini-yo, más bien... quería poder acompañar a ese pequeño ser humano y darle todo lo que necesitase, ayudarle a crecer y a existir, darle cariño, esa calidez tan nutritiva y sanadora del amor maternal. tomar su mano, hacerle saber que le amaba con todas mis fuerzas. sabía que jamás podría parir, así que no pensaba en ello mucho, o me sobrecogía la pena, pero aún así era un deseo que se engendraba en lo profundo de mis entrañas.
el tiempo pasaba y hablaba de ello con mis parejas si el tema se planteaba. trataba de no repetir el tema como un loro, sabía la presión que significaba que tu pareja quisiera un bebé y tú no, así que no lo hablaba tanto. no era algo malo no hacerlo. luego, llegaste tú. con ello, parecía que estaba saldado. tendríamos un hijo. parecía algo tan obvio para ambos, evidentemente... tú querías ser padre, y yo quería ser madre. tú me amabas tanto que querías vivir conmigo, proveer para ambos. como una jovencita llena de ambiciones heteronormadas, esto me hizo caer de rodillas de la ilusión. era una belleza inmensa la que existía en ese sueño, ahora compartido. tener un bebé, hacer una familia, amarlo, quererlo de manera distinta.
quería tanto ser amada por tí a pesar de todo que no me dí cuenta cuando empezaste a torcer mis intestinos de manera tan sutil y tan lenta que cuando ya era demasiado tarde, mis adentros eran irreconocibles. primero, queríamos tener un hijo. ambos lo queríamos, entonces esto era maravilloso. luego, dijiste que sólo sería con tu adn, ya que querías seguir tu línea familiar. no objeté, porque te comprendí, si estuviese en tu lugar, habría querido lo mismo. que ibas a ser el proveedor... cada vez que decías eso, recordaba que yo también tenía sueños y ambiciones. que necesitabas que me quedase contigo, en la ciudad, no podía irme a estudiar a otro lado. eso me parecía curioso, pero lo comprendía. necesitabas que alguien corriera a meter sus dedos en tu garganta para que vomitaras el veneno. necesitabas que alguien llorara mientras suplicaba por tu perdón. fue una estupidez mía no recalcarte tampoco que yo era persona, que tenía mis sueños y que quería que algunas cosas esperaran. genuinamente siento que quizás debí habertelo repetido cuando me planteabas aquello. pero en ese momento, era difícil. me contabas que si no tenías la oportunidad de romper el ciclo, romperías tu propio cuello. meterías un arma en tu estómago. te abrirías los brazos. necesitabas tener un hijo. era imperioso. era lo único que te daba un motivo de vivir. yo era el medio.
me dí cuenta de que iba aceptando. iba aceptando progresivamente el ser engullida por la bilis fértil de tus deseos. iba aceptando progresivamente que de mi vientre saldría tu hijo, pero no lo sentía como algo mío. ya no sentía que un bebé fuese parte de mis deseos, de mis sueños. como eso era tuyo, entonces mi cuerpo era tuyo. te dí la libertad de abrir mi estómago y de reorganizar mis intestinos, mis órganos, sacarlos y cortarlos y unirlos y hacer con ellos un útero y ovarios para engendrar a tu hijo. a veces lo hacías con tus manos, a veces con tu pene. si no yacía contigo, te suicidarías. si no daba mi cuerpo para tener a tu hijo, te suicidarías. y si mi cuerpo inútil no te daba un hijo, me harías ver cómo te quitabas la vida. era muy fácil, y en ese entonces, todo tenía sentido. si yo no podía tener un hijo, ibas a intentarlo hasta que resultara. como ambos habíamos decidido, íbamos a tener un hijo. y me hiciste uno. con mis pedazos de carne y de alma desgarrados y deformes armaste la forma de un ser humano a tu imagen. tu pequeño adán. despedazaste mis entrañas, abriste mi estómago, lo cortaste, lo comiste, entrometiste con tus dedos dentro de mi cuerpo hasta que sentiste la forma de un útero. me dabas a probar mi sangre, tu semilla, apretabas y torcías hasta que todo se convertía en lo que querías que se convirtiera. hasta que yo me convertía en lo que querías que me convirtiera. los alfileres mantenían en su lugar tu creación en lo que solía ser mi vejiga. cuando camino, aún los siento dentro de mí.
el día en que tomé el tren y me escapé, sentía un poco cómo mis órganos se salían por mi recto. fue difícil caminar y mantenerme en pie pensando en que todos podían ver mi cuerpo ultrajado. quizás no podían "verlo", pero lo sabían. yo sabía que sabían. sabía que el hedor a putrefacción de lo que quedaba de mi humanidad se sentía hasta más allá de mi piel.
ese hedor me ha seguido hasta hoy. me es difícil ocultarlo. ¿lo notarán cuando estoy siendo penetrada? ¿notarán todo el rearreglo punzante de órganos que hay dentro de mí, exclusivamente para la creación de un ser humano? ¿sabrán que soy madre? ¿que de una forma muy grotesca y extraña, soy madre?
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