—Es que no sé. Respondo por hoy, por mí. No por lo que ya pasó. Es más, no puedo ni siquiera darte garantía de la última vez que nos vimos. Pero si tenés preguntas para mí, para el que está acá hoy con vos, te respondo con mucho gusto.
En la arbolada crujían los filamentos resecos de los pinos, y en la madrugada la universidad se enmudecía, desentonando únicamente a detalles del paisaje o con el retumbar de la música en el otro extremo del predio. Y sin embargo cuando habíamos llegado a la fiesta también fue tiempo pasado. Solo se veía el humo dando vueltas, jugueteando y seduciendo a la luna, y una pincelada de luz que unía el pelo, la nariz y medio ojo de Agustina. Ahora acoplada al silencio, antes algo borracha, ahora pensativa.
Este escape de espíritu adolescente que la tenía adherida, casi atada al fondo. Resumida a una línea para nada estable que componía entre cortados gestos. Labios de succión, mejillas hundidas de exhalar, ojos buscando algo de que agarrarse, alguna porción del pelo que se resignaba al viento
—Te entiendo, gordo. No te preocupes. El tema es que mañana me podés decir exactamente lo mismo. Y así sucesivamente. Hoy no fío, mañana sí. Así tenía el cartelito en el kiosco mi abuela.
Agustina me dio dos palmaditas en el pecho.
Our picks
Become a supporter of quaderno
Support this independent project and get exclusive benefits.
Start writing today on quaderno
We value quality, authenticity and diversity of voices.

Comments
There are no comments yet, be the first!
You must be logged in to comment
Log in