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era lunes al mediodía,
el sol no hacía preguntas
y el mundo giraba tras la puerta
en la mesa, el té salado de mis lágrimas
él no supo primero:
tu hostilidad era una sentencia
tus cartas no dijeron nada
pero mis piernas lo supieron
segundas
cedieron, se abrieron, sangraron
como si el amor pudiera
escurrirse a través de ellas
¿quién puede coserse la piel
después de semejante heridas?
tan profundas
era lunes al mediodía,
el reloj marcó las doce
y tú ya no eras mío.
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