Él es un ángel al que no le puedo fallar.
Sus profundos luceros son el oasis al que siempre quiero regresar.
Aquellos me miran con amor todo el tiempo,
y honestamente no los entiendo,
no veo en mí lo que ven ellos.
Y aunque digan que es incierto,
no puedo borrar de mi mente en el futuro un “nosotros” certero.
Sólo somos adolescentes,
y aún así quiero sostener en mis manos su vida hasta la vejez.
Merece más que nadie mi versión más hermosa,
sé que nunca la trataría como cualquier cosa.
Me conoce recientemente,
y es quien únicamente,
ha logrado cavar en mi corazón tan profundamente.
Por más hondo que haya caído mi alma,
nunca dejó de acariciarla.
Y eso es suficiente prueba para mí de que con él toda mi vida quiero compartir.
Mi mente carece de coherencia, lo sé,
pasillos oscuros que él se esfuerza por recorrer.
Y si pudiera darle toda mi luz,
lo haría sin sacrificio alguno,
pues su ser, para mí,
significa más que todo el mundo.
Él es un cielo que nunca me cansaría de admirar,
todas sus facetas quiero presenciar.
Sus labios guardan un sabor que muero por probar,
mantienen entre ellos todo lo nunca dicho,
lo que sólo de beso a beso se puede contar.
Espero y sepa todo lo que estoy dispuesta a ganar, a perder,
porque tratándose de él,
no hay cosa que sienta que no pueda hacer
Tan ligero, no sabía que el amor podría ser tan liviano
como toda la seguridad que encuentro entre sus brazos.
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