nos la pasamos jugando,
como en una especie de regresión a mis 8 años,
contestás cada 3 horas y yo cada 4 autoengaños,
pelea de egos en el amor
supongo que era más fácil regalarme una flor;
después armamos un rompecabezas
dónde siempre es uno el que tiene las mejores piezas,
forzando encastrar antónimos
nos olvidamos de lo compartido en sinónimos,
y ahí está el juego
de quién cede primero,
quién le escupe a su orgullo,
quién acepta la vulnerabilidad
y deja de lado la seriedad,
estupidez dual:
nadie aprendió a jugar,
ninguno de los dos pudo ganar.
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