Era un día de otoño o invierno de 2025, pero podría ser cualquier día. El sol se había ido y yo a trabajar. Legué al instituto, me tocaba trabajar a las siete. No había comido, no me había bañado, si había tomado mate y solo podía transitar un dolor fluido que se movía con la furia del mar en mi interior, respiraba una soledad la cual nunca había experimentado antes.
El futuro igual, quieto, la textura de una niebla que nunca se va y alumbrado por la oscuridad destestaba, y todavía lo hace, el sentido de las tareas previsoras que sostienen a un ser humano en el mundo y yo no puedo hacer nada, salvo hacerle caso, porque tiene razón. Y la tendrá siempre, como un cuerpo en su tumba que se desintegra al calor de la nada. Era como si todos los pájaros del mundo tuvieran sus alas rotas y no pudiesen volar a ningún lugar. Cómo si se hubieran quedado quietos, con la comprensión volada, que no saben porqué vuelan, ni porqué deja de hacerlo. Solo sintiendo la triteza de no poder volar ni volver a sus casas, sin poder alimentarse, sin existir como lo que son, pero respirando con un cuerpo que se degrada lentamente. Una burbuja hecha de plumas cubría con normalidad lo que nunca el cuerpo del otro podía alcanzar.
Quité la mirada de un cielo naturalmente oscuro, pero artitificialmente claro por las luces de la ciudad. Vacío de sentido, sin estrellas que observar ni galaxias para imaginar.Enderecé mi cabeza, como un caballo guiado por las antiojeras del aniquilamiento y, por el rabillo de los ojos del vacío, comencé a registrar los abrigos de las profesoras y los pocos profesores. Los colores otoñales se movían cubriendo brazos que hacían gestos que acompañaban una conversación de cuerpos circundantes y miradas cómplices de la que nunca iba a participar. Estaba lejos, viviendo sin vivir. Mirando sin mirar. Habitando un ciclo reflexivo, viviendo lo mismo que, con frecuencia, se suele imaginar de los fantasmas en pena. Me movía como una silla que rechina en la oscuridad. Sin futuro, sin avance, sin sentido. Muerta. Casi absolutamente muerta, como todos los días. Y ayer, y ayer, y mañana, y pasado, y hasta que me anime, lo organice y decida hacerlo.
Me puse a pensar que sería muy triste tratar de mostrarles el dolor, este dolor intenso, vivo y muerto a la vez. Que muere cada vez que trata de dar vida y te recuerda que estás viva porque el cuerpo duele. Aislada en un domo de vidrio, me quedé a un costado observando la forma del piso, imaginando cómo las paredes nos nublan la intensidad del horizonte. Comprendí que me encantan las escuelas, los institutos, los lugares educativos porque sus paredes delimitan y encierran el espacio pedagógico, que a su vez, da lugar a las herramientas que tenemos para conocer y transformar el mundo. ¿Quién puede esquivar un estudio científico que revela las cifras de la pobreza y desigualdad extrema y quedarse sólo con los números? ¿Quién puede ser tan frío, tan indifrente a un dato que te aplasta como una roca a un animal enfermo en la lejanía? ¿Quién puede mantener firme la hegemonía cuando la entiende? Empecé a sentir que la disminución de la densidad social estiraba mis signos de preguntas como me imagino que un agujero negro despereza el espacio tiempo. Ya era tarde.
Agarré el libro de temas, la planilla de asistencia. A cada paso mi mente empezó a relevar lo que íbamos a ver en clase. La velocidad de mis pasos revelaron un frío mojado en la cara. Me dí cuenta que debía regresar a ese espacio tiempo, a ese momento llamado trabajo. Debía volver a ponerme un disfraz, que antes no tenía y que apenas podría sostener por un par de años más, pero llevaba puesto siempre para ser un eslabón más en la cadena productiva del sistema de acomulación de capital y transmitir conocimientos que rompieran las paredes y números que conmuevan a la humanidad que habita en cada uno/a de nosotros/as.
Sabía que iba a morir pronto, porque todo había muerto, pero la soledad vivió más tranquila y me sentí un poco más en casa.

Si no vuelvo
¿mi vida?¿Dónde está lo que yo no decidí perder mientras era maltratada, abusada y humillada con mi cuerpo en mecanismo de defensa? MI vida, cimiento de mis sueños. No esta basura.
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