Mamá no murió el día en que la enterraron.
Murió en mí muchas veces antes.
En cada grito que no entendí,
en cada abrazo que olvidó,
en cada culpa que me heredó como si fuera un trofeo.
Y sin embargo… la amé.
La sigo amando, como se ama a una herida que ya se volvió parte del cuerpo.
Me enseñó a defenderme de todo, menos de mí.
Me obligó a ser fuerte antes de saber cómo dolía serlo.
Me moldeó con miedo y me miró con orgullo cuando dejé de llorar.
Nunca supe si fue víctima, verdugo… o ambas cosas.
A veces, cuando el silencio me muerde fuerte,
escucho su voz como un eco torcido que me susurra:
“Sé fuerte”
Y yo intento serlo, mamá.
Pero a veces, solo quiero que vengas y me digas que está bien ser débil.
Que no fue mi culpa.
Que no debí cargar con tu historia cuando ni siquiera entendía la mía.
A veces sueño contigo.
Y no sé si extraño tu amor o la idea que inventé de ti para poder sobrevivir.
El día que te fuiste, me dejaste un cuerpo libre…
…y un alma atada.
- D. Duality -
Carta I a mamá
Our picks
Become a supporter of quaderno
Support this independent project and get exclusive benefits.
Start writing today on quaderno
We value quality, authenticity and diversity of voices.


Comments
There are no comments yet, be the first!
You must be logged in to comment
Log in