Hay ausentes que no puedo recibir
con toda la tierra que los sueña/
mientras los busco
en el esqueleto del aire
y en las huellas perdidas de las sombras/
y recorro esos lugares
nombrándolos/
de viento en viento/
con el rostro intacto de cada palabra.
Y con el sueño envuelto en una tela
como un foco de luz que no quiere apagarse/
se baila en patios de memoria
sin importar los cuervos de distancia/
ni el pie
que tapa la huella del regreso. A pesar de todo
salen a recibirlos cada tierra que los sueña
siempre
y se agitan las aguas donde se mezcla el dolor
con el tiempo de la nube que los ausenta.
Y nos quedamos
con las manos secas en el aire de un grito
que toca del sueño/
su cambiante mañana.
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