Creí que se me había desgarrado tanto el alma
que ya no tendría la sensación de volver a amar.
Imaginé,
flasheé,
que el vacío era inhabitable
y que el espacio que sentía "completo",
más pequeño que todo lo anterior,
era la consecuencia de haber resistido
con una fuerza nunca antes experimentada,
impulsada por mi sangre
a través de todo mi cuerpo,
hacia todos los cuerpos.
Pero no,
me equivoqué.
El vacío agrietado, una luz.
Luz para recibir,
para mí y para el otro,
para amar y, amarte.
Los espacios unidos,
coloridos,
vibrantes,
abundantes de compasión
y perdón propio,
sobrevivieron a tantas tormentas
y vientos invernales,
que ahora sé por qué los abrazo tanto.
Son mis pilares,
mi materia y energía.
Mi sabiduría
y mis ganas de recordar.
Lo que quedó no es nada malo,
es lo más poderoso de mí.
Mi emblema,
mis errores y mis victorias,
mi libro maestro...
mi vida más preciada
y mi lujo eterno.
Entendí,
con una sonrisa y lágrimas soportables,
que los espacios vacíos también son buenos.
La encrucijada perfecta
entre mi pasado y mi presente.
No temo a que el río sangre y calme,
temo a no seguir escribiendo el libro.
If you liked this post, consider buying the writer a coffee
Buy a coffee
Giuli Canosa
como dice Fito Páez: "Hay cosas que te ayudan a vivir, no hacías otra cosa que escribir".
Our picks
Become a supporter of quaderno
Support this independent project and get exclusive benefits.
Start writing today on quaderno
We value quality, authenticity and diversity of voices.
Comments
There are no comments yet, be the first!
You must be logged in to comment
Log in