probablemente no sea la primera ni mucho menos la última vez que escuches-leas a alguien decir que el arte le salvó la vida. somos muchos, y estamos en todos lados.
pero me resulta inevitable recaer en recordar cuando estaba descubriendo mi sexualidad y escribí mi primer poema. nunca vió la luz y seguramente ahí se quede; en la oscuridad de mi habitación en plena pandemia, una de las tantas noches que pasé sin dormir. en la inocencia y en la crudeza de un poema escrito sin intenciones de ser criticado, pura y exclusivamente para mí. por mí. porque lo necesitaba.
o la incontable cantidad de veces que las canciones de Twenty One Pilots me acompañaron en mis más profundas tristezas. O cuando fui a mi primer recital en un estadio y por una hora y cuarto dejé de sentirme sola en el mundo. muy dramático todo, ya sé. ¿pero cómo no serlo si la primera vez que pisé un escenario tenía 14 años?
eso sí, recuerdo que la pasé horriblemente mal. y ni siquiera era una obra de teatro frente a un público descomunal; estaba en una clase de actuación. a la que yo misma me anoté. y que a las dos semanas abandoné.
si tenía ataques de pánico al momento de dar una lección oral en el colegio, ¿cómo iba a soportar estar parada en un escenario con desconocidos en un espacio tan vulnerable como lo es un teatro? odiaba esa sensación; sentir la mirada de otros aunque lo más probable es que ni siquiera notaran mi presencia. sentir como la garganta se me cerraba y el cuerpo se paralizaba al momento de improvisar. sentir, en general, estando fuera de las cuatro paredes de mi habitación y encima siendo percibida por otros, era mi peor pesadilla. y la estaba viviendo.
paradójicamente, eso fue lo que me trajo hasta acá: lo que me salvó.
en una de esas clases -antes de que las abandonara- nuestro profesor, Nico, nos hizo pasar uno por uno al frente del escenario, hacer una pose y que el resto la imitara de la manera más exacta posible. con el corazón en la garganta, pasé, hice lo que había que hacer y apenas pude me volví a mi lugar. Nico me pidió que pase al frente de nuevo y repita lo que hice pero esta vez prestando atención a la imitación de mis compañeros. estaba odiada y quería irme pero tampoco tenía el valor suficiente para negarme a cualquier cosa, así que lo hice: a día de hoy, habiendo pasado ya casi 8 años, recuerdo exactamente lo que vi: 7 personas recreando la pose típica de una bailarina clásica (fue lo primero que se me ocurrió y, además, amaba bailar) pero con la mirada en el suelo, triste, deseando que alguien los saque de ahí.
claramente en ese momento no reparé en el detalle y como ya les conté, a las pocas semanas dejé de ir. pero cuando recordé esa situación y fui consciente de toooodo lo que significaba, pensé: no quiero ser esto nunca más. no quiero verme reflejada así. no quiero ser ni sentirme así, no quiero seguir escondiendome, no quiero ser infeliz.
"no quiero ser infeliz"
no sabía exactamente lo que quería pero sí lo que no quería, así que por eso empecé: cambiar lo único que dependía exclusivamente de mí.
lo que pasó en el medio es una historia aparte y muy larga que algún día me gustaría contar en profundidad quizás en algún libro o algo así. pero este año cumplo 22 y, de hecho, saqué mi primer poemario. me subí a varios escenarios, en algunos la rompí; antes de subir a otros lloré y pedí por favor que me perdonen pero que no podía hacerlo. publiqué algunos poemas en redes, algunos no los leyó nadie. hay un par que tienen un millón de vistas.
en todo este camino hice amigos con los que comparto mis pasiones y ellos comparten las suyas conmigo. en la foto de esta publicación están solo algunos de ellos: esa vez pasamos el día muertos de frío en una plaza grabando lo que sería nuestro primer corto juntos. escrito por Tom Martin, uno de los tantos talentos que hay en nuestro grupo y con la colaboración de todos (el arte es solidario, y si en el medio hay amistad, ni te cuento). en ellos no solo encontré pares con los que compartir un espacio donde crecer (tanto artística como personalmente) sino gente hermosa con la que sentir todo lo bueno y lo malo de la vida. el arte solo fue el factor común. ahora son mi familia.
probablemente no haya sido la primera ni mucho menos la última vez que escuchas-lees a alguien decir que el arte le salvó la vida. somos muchos, y estamos en todos lados.
pero es fantástico pensar que, incluso en esto, no estamos solos.

lula
no esperes un buen uso de los signos de puntuación ni una redacción ejemplar. escribo porque siento :) gracias por leerme.
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