Vas arruinando Londres.
Y todas las apiladas piedras que remiten a ella.
Vas arruinando ciudades enteras, pueblos,
las barras y las estrellas.
Vas arruinando los sándwiches, los desayunos tardíos y los almuerzos sin carne.
Vas arruinando los perros atados a la cintura, la nieve, la tranquila paciencia de un
domingo a la mañana, el sabor del pistacho.
Vas arruinando el vegetarianismo, la incómoda molestia del humo contra una
persona.
Vas arruinando Europa y hasta diría, lo que pienso de Buenos Aires.
Y es que,
Lo que queda por hacer es mirarte mientras sigues arruinándome las cosas.
Hacer del mundo cualquier papel en donde escribas tu nombre y que cada cosa que
no hayas tocado se vuelva tuya (aunque ya la haya hecho tuya yo, sin tu permiso)
Y así, esta piedra de recuerdos que cuelga sobre mi cabeza nunca ceda ante el
imposible olvido.
Que mi destino sea morir sin tener crear otro recuerdo en el que no estes, aunque
sea, ausente.
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