siempre guardé la madurez en la noción de algo eminente; a lo que se aspira, pero una vez que lo alcancé, no es como se siente. llegué al cielo y al infierno en cuestión de segundos, pensé con lógica cada uno de mis movimientos, como si jugara al ajedrez. gané, se supone que lo hice, pero no es como se siente. ahora permanezco inmóvil, observando el tablero con recelo, como si de mi mayor enemigo se tratase, porque lo es; mi mano se convirtió en mi arma y mis acciones en mi dolor. quería la derrota; me había imaginado millones de escenarios donde era feliz, porque la derrota era mi victoria. pero mis acciones fueron contrarias por culpa de la eminencia. ahora las piezas lloran, y yo lloro con ellas.
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