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LAS PIEZAS QUE NO SABÍA QUE FALTABAN.

Aug 15, 2026

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Antes de conocerla

Antes de conocer su historia, hay algo que el lector debería saber sobre ella.

No siempre supo quién era.

Durante mucho tiempo creyó que algunas cosas simplemente formaban parte de su personalidad.

Que era demasiado sensible.

Demasiado desconfiada.

Demasiado intensa.

Que necesitaba demasiado amor.

Que tenía demasiado miedo de perder a las personas.

Pensó que había algo en ella que estaba roto.

Hasta que creció.

Y entonces empezó a entender.

Porque algunas respuestas no llegan cuando las necesitamos.

Llegan años después.

Llegan cuando una canción, una conversación, una despedida o un recuerdo cualquiera abre una puerta que creíamos cerrada.

Y de repente, una pieza encaja.

Después otra.

Y otra.

Hasta que aquello que durante años parecía no tener explicación comienza a formar una historia.

La suya.

Ella no recuerda toda su infancia.

Recuerda fragmentos.

Una habitación.

Una cortina.

La voz de su madre.

Un hombre que llegó a su casa.

El rostro de su abuela.

Una tarde al sol.

Un caramelo.

Una pérdida.

Algunos momentos que hubiera querido olvidar.

Otros que daría cualquier cosa por volver a vivir.

Recuerda haber aprendido demasiado pronto que los adultos podían fallar.

Que las personas que debían proteger también podían lastimar.

Que algunas ausencias podían doler incluso cuando una todavía no sabía cómo nombrarlas.

Y que el amor podía tener muchas formas.

Algunas hermosas.

Otras que nunca debieron confundirse con amor.

Quizás por eso pasó tantos años buscándolo.

Lo buscó en las personas.

En los abrazos.

En las promesas.

En las relaciones.

En aquellos que decían querer quedarse.

Y cada vez que alguien se iba, una pregunta volvía a aparecer:

¿Qué había en ella que hacía que las personas no se quedaran?

Tardó mucho tiempo en descubrir que aquella pregunta no había nacido en sus relaciones.

Venía de mucho antes.

De una niña que alguna vez había aprendido que podía ser abandonada.

De una niña que había visto desaparecer personas.

De una niña que había tenido que crecer cuando todavía necesitaba que alguien la cuidara.

Ella no nació sabiendo sobrevivir.

Lo aprendió.

Aprendió a observar.

A anticiparse.

A esconderse.

A callar.

A querer fuerte.

A aferrarse.

A desconfiar.

A irse.

A volver.

A empezar otra vez.

Y durante mucho tiempo creyó que todas esas cosas eran defectos.

No sabía que algunas habían sido formas de protegerse.

Esta no es la historia de una niña a la que simplemente le pasaron cosas.

Tampoco es la historia de una mujer a la que le rompieron el corazón una y otra vez.

Es la historia de alguien que pasó gran parte de su vida intentando descubrir qué significaba ser querida.

Y que, sin darse cuenta, pasó años buscando afuera algo que algún día tendría que aprender a darse por sí misma.

Para llegar hasta la mujer que es hoy, tuvo que atravesar muchas versiones de sí misma.

La niña.

La adolescente.

La primera novia.

La que confundió amor con protección.

La que fue traicionada.

La que volvió a confiar.

La que amó demasiado.

La que pidió demasiado.

La que perdió.

La que se quedó sola.

Y finalmente, la que empezó a preguntarse quién era cuando ya no tenía a nadie a quien esperar.

Esta historia no empieza con una respuesta.

Empieza con una niña que todavía no sabía hacer las preguntas correctas.

Por eso hay que volver al principio.

A los primeros recuerdos.

A las primeras pérdidas.

A las primeras personas que dejaron una marca.

Porque para entender a la mujer que es hoy, primero hay que conocer a la niña que tuvo que convertirse en ella.

Esta es su historia.

Y todavía quedan muchas piezas por encontrar.

Lujan Coronel

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