ㅤRecuerdo muy bien esa noche. Me es imposible no recordarla aunque quisiera borrarla de mi memoria —lo he intentado, en contables ocasiones—, pero las fantasías de Jane son progresivas. Como si de pronto mi cuerpo se apoderase de alguna enfermedad y haga de mí un devoto de sus ojos azulados. He luchado en vano contra los instintos primitivos que ahora me preceden; en este cuerpo hecho de materia, logro sentir profunda y ardorosamente cada sensación. No logro caminar inadvertido cuando la tengo de frente, tan plácida y conmovedora como ninguna otra criatura que yo haya conocido.
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ㅤNo puedo confirmar si realmente esto es «amor» o algún tipo de obsesión enfermiza por hacerla mía en cuerpo y alma. Por las noches he de sondearlo con esmero. La imagino tendida en el mármol bajo las frazadas persas y los tapices granjeados de oro de mi alcoba viendo a los azulejos fantasmagóricos del techo brillar con la luz de la luna. Su majestad divina se reflejaría perfectamente bajo esa piel marmolada y prístina, tallada con la más exquisita solemnidad. Su cabello, tan negro como plumas de cuervo descansaría sobre sus pechos redondos, jugosos y perfectos, como una cascada rizada e imponente. Y esa sonrisa de relámpago celestial me saludaría al contemplarla desde lejos, tan inmersa en su magnífica creación.
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ㅤY en esa enajenación me encontraría besándola. La sostendría del cuello como quien tiene en sus manos a la fruta prohibida del Edén. Probaría su saliva, el grosor de sus labios y lo filoso de su lengua hasta quedarme sin aliento. Me convertiría en un buitre, capaz de devorarla... lenta y apaciblemente. Mas no me contendría lo suficiente como para someterla como lo hacíamos en la más remota antigüedad. Jane se regocija en mi mente; me regala el fruto para profanarlo a mi antojo. Y yo me empapo la boca con sus jugos hasta quedar satisfecho; le escucho gemir en mi oído cada vez que arremeto contra su sexo, húmedo e impuro. Lo hace tantas veces que me vuelvo adicto a su carne, quiero hacerla gritar, sollozar, incapaz de movilizarse hasta que yo se lo ordene.
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ㅤJane es obediente, no gruñe ni es altanera; la he moldeado a mi manera. Es la única capaz de seguir el ritmo de mi energía y aunque quiera apartarla de mi mente no logro hacerlo —lo he intentado, en múltiples ocasiones— pero las fantasías de Jane son infinitas.
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