Te amé en el silencio,
como quien esconde un pájaro muerto en el pecho,
como quien deja que el invierno
le crezca en los ojos.
Tu nombre fue siempre una herida pequeña,
apenas un eco en la boca cerrada,
un naufragio sin testigos.
Nunca dije lo que debía.
Creí que el amor era un gesto
y no un grito.
Que bastaba la espera
y no la valentía.
Ahora, cuando el mar nos devora
como un dios ciego,
cuando la ciudad te traga
con su luz indiferente,
te busco en los huecos de mi sombra
y solo encuentro el frío de lo que nunca fue.
A veces,
cuando el insomnio abre su puño
y la noche no pesa tanto,
te veo.
Estás ahí,
como un sueño al que nunca llegaré.

Giovanni Battista Manassero
Escribo para encontrar lo extraordinario en lo cotidiano, entre el absurdo, la nostalgia y el mate bien amargo.
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