Nací del estruendo,
de un golpe que abrió mi respiración antes que mi llanto.
Desde entonces, mi voz fue un fantasma que rara vez se deja ver.
Tú nunca conociste mi silencio verdadero:
solo escuchaste el eco de un cuerpo que se encoge,
susurros rotos, respiraciones heridas.
Yo me vuelvo más inmensa cuando callo,
y ese abismo te desespera.
Me preguntas qué precio tiene mi palabra,
pero no buscas respuesta:
quieres que olvide que puedo hablar con otros,
que mi sonido sea tu propiedad privada.
.
Mi garganta es un hueco que aprendió a tragar dolor.
Mis costillas crujen como ramas secas,
mi piel guarda constelaciones moradas que no miran el cielo.
Dentro de mí, bandadas de aves golpean contra barrotes invisibles,
anhelando un aire que no huela a encierro.
.
Me dejas a solas con mis sombras,
y ahí me disuelvo.
Mi corazón late en lugares equivocados:
en la boca, en las manos, en los tobillos.
Tomas ese latido como si fuera tuyo,
bebes mi fragilidad como si fuera agua de manantial,
y te embriagas con el temblor de mis huesos.
.
Naciste con las manos hechas para romper,
como si tu piel recordara, desde antes de ti,
la costumbre de destrozar lo frágil.
No te imagino en otro mundo que no sea éste,
donde tu ira necesita carne para sostenerse.
Yo vine a ser la materia que alimenta esa ira.
Tú, la razón por la que mis días sangran.
.
La violencia es tu ritual,
y yo soy el altar.
En mis venas el silencio se arremolina,
la sangre se arrebata en espirales buscando una salida que nunca encuentra.
Las alas que intento criar nacen rotas,
caen antes de aprender su dirección.
.
Mi mudez es la melodía que afina tus horas,
mi llanto, el compás que te acomoda.
No soy más que la historia que escribes en mi carne,
la nota que tu boca dicta,
la sombra que absorbe tu luz torcida.
.
Descansas en la quietud de mi cuerpo,
como un niño en el vientre,
creyendo encontrar ahí un refugio que nunca mereciste.
Te eriges como un dios de mis ruinas,
un astro hecho con mis restos.
Y así, serás de mí hasta que mi cuerpo,
vacío y muerto y frío,
te obligue a buscar otra forma de escuchar el silencio.
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