Me pregunto si algún día
la vida se cansará de herirnos,
de dejarnos cicatrices nuevas
sobre dolores ya antiguos.
Desde que guardo memoria,
hemos vivido entre tormentas,
con el ruido de los problemas
golpeando fuerte nuestras puertas.
En esta casa no habita el sol,
solo sombras y noches largas;
la paz parece un sueño lejano
que se pierde antes de alcanzarla.
Y aun así, cuando todo oscurece
y el cielo se vuelve más frío,
guardo un pedazo de esperanza
temblando dentro de mí.
Porque quiero creer que algún día
después de tanto sufrir y esperar,
la calma encontrará nuestro nombre
y se quedará para siempre a descansar
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