¡Alea iacta est!
Querido y bastardo, como tantos.
Bebe del cáliz, pero no te cases con la liturgia;
no esperes, habiéndote persignado,
que el mundo no se erotice con tu féretro.
Mejor pintá, gatillate en buenos trazos,
hasta que la locura te encuentre atractivo.
Sé artista: tiñe de barroco las quejas
que penumbran tu genio.
Y solo entonces, si tu pulsión de muerte
es más elocuente que tu eros,
vendé tu alma, entonces,
al que se va a acostar con tu éxito funesto.
Si tu alma es bastarda,
que la tensión quirúrgica del fracaso
coseche tu fruto magro
para dárselo al diablo.
Si tu ser artístico es afín,
robá la inocencia de un ángel
y la corona de un santo.
—Sacrificate, por lo amado en esta vida,
sacrificate—.
El mundo puede olvidar, por conveniencia,
el buen accionar del genio
y la holgazanería del cuerdo;
pero nunca el arte del loco,
ni la tibieza del bastardo.
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