A veces el ego me susurra: Nadie te quiere como persona, solo te aceptan como concepto. A veces es dificil encontrar el concreto dentro de la virtualidad, de estas edificaciones en el aire y los satélites. Ahí no pertenezco. Soy intensa. Profunda. Abismal. Pertenezco al mar. A veces me acerco a quienes creo comparten la misma esencia. Al menos hasta que se escabullen en las diferenciales, se aferran a la individualidad. ¿Qué podría quitarte alguien que comprende que somos mucho y nada a la vez? ¿Qué podría asustarte de encontrar dónde pertenecer?
Regresa la soledad en olas inmensas. Aprieto los ojos buscando una respuesta. Si echamos nuestras ramas por los mismos espacios, si nos alimentamos de las mismas madres, si nuestros tallos han crecido juntos, ¿cuál es el pecado de nuestra similitud? Te prometo que no nos perderemos entre nosotrxs, te prometo que no importa la fuerza en la que se tocan dos cuerpos, seguiremos siendo distintos.
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