"Si yo exigiese como debería, sería distinto."
Fue esa frase la que me dejó pensativo. No solo por el momento en el que fue usada, sino más bien por el hecho de que me había esforzado por darlo todo: colaborar, destinar mi tiempo en ti.
A veces, no son las acciones las que hacen tanto daño, sino más bien las palabras. Palabras que no se van aunque pasen los años, que se quedan en nuestra mente y nos hacen divagar.
Si pudiese describir ese sentimiento, diría:
"No son tus acciones, sino tus palabras las que me hacen daño, porque mientras tus acciones se van con el tiempo, tus palabras se quedan en mi mente como la pintura roja en el lienzo blanco."
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