La peor traición no fue irme,
fue llevarme los pequeños recuerdos:
los peluches en nuestros muebles, que velaban por tu seguridad,
los pines en tus telas, ahora escondidos en mi mochila,
los libros junto a mi cama...
Ahora todo está ordenado, lejos,
y nuestro lugar quedó vacío.
Acá, mi cama es grande,
allá, me quedaba muy chica.
Mi alma ya no encuentra su lugar en ese colchón,
aún así, te extraño.
Y sé, que mi silencio suena más fuerte que cualquier palabra.
Sé que el hueco que dejé no se llena con muebles ni con luces.
Ojalá pudiera dejarte algo más que este vacío tibio,
algo que pudiera ocupar mi ausencia sin romperte.
Extraño esos momentos chicos,
charlar de lo pesado que fue el día,
del cansancio que a veces no se puede ocultar.
Me asusta pensar que, en mi ausencia, te llenen la cabeza con dudas, con odio,
pero sabés que, cuando el mundo pese demasiado,
siempre vas a tener un refugio acá conmigo,
un lugar seguro al que puedas volver.
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