Creo que la parte más dura del duelo
es no saber si alguna vez volveré a verte.
No saber si voy a poder ser bendecida
nuevamente para sentir tus brazos,
aquellos que solo sabían refugiarme
con una calidez maternal.
Y a veces me pregunto si me escuchás
llorar por las noches,
llamando tu nombre.
Si hay alguna parte tuya que se
desespera por ayudarme,
incluso aunque nos hallemos en dos
planos completamente diferentes.
Me pregunto si descansás en paz,
entre rosas y jazmines que crecen
solo para vos.
Si ves cuánto te extraño,
cuando te lloro y cuánto te amo.
Y a veces me gusta creer que el
tiempo es relativo,
que son solo unos pequeños pasos
a dar hasta volver a verte.
Intento convencerme de que perderte
no fue perderlo todo.
Después de todo,
aún mantengo la memoria intacta,
y en ella se encuentran
nuestros recuerdos.
Pero nada alivia el vacío instalado
en mi pecho,
aquel que vive sin pagar renta
y me desaloja de todo lo que amo.
A veces me pregunto si esta tristeza en
algún momento se va a relajar,
si en algún momento me va a soltar
la mano.
Y a veces lo deseo,
porque sé que mi mente está exhausta
de tanto llanto.
Pero también,
a veces siento que necesito el dolor,
porque si no, olvido que te fuiste,
y de alguna forma,
mi corazón vuelve a esperar tu llamado.
Y creo que la parte más dura del duelo
es dejar irte,
porque nunca sé si voy a poder volver
a verte.
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