Las cosas que pienso, casi siempre me las reservo. Y ahora te pienso y a nadie le cuento, se apiada de mí el silencio.
Me acuesto en el pasto, una mano en la panza, la otra en el pasto y cierro los ojos y te pienso. La brisa, los pájaros, el calor, el sol picando, no dan abasto para esconder lo que siento.
Me vuelvo liviana, medito acostada, busco persuadirme, estoy equivocada. Y me sobresalto: una voz te nombra. Rechazo el latir de mi corazón y mi cuerpo lo logra, la ignora, a esa voz que te nombra. Simulo mesura, dejo que me habite el ahora.
Mi interior se aquieta, observo en mí la nada. Y por unos instantes no pienso en nada. La nada. Tu cara y la nada. El silencio ocupando el espacio que le roba a mis palabras. Y la nada.
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