Todo era belleza a su alrededor. Las personas corrían, caminaban o andaban en bicicleta. Los estudiantes subían y bajaban de Derecho. Los turistas paseaban ese sábado de pre- primavera.
Yo, trataba de encontrar la parada del 92 mientras el sol me encandilaba el paisaje pero no me lo ocultaba.
De pronto la ví y me pregunté:
¿Quién era esa mujer?
¿Cómo se llamaba?
¿Por qué estaba sentada sola en ese banco de plaza?
¿Por qué se rascaba la cabeza?
¿Por qué nadie la miraba?
¿Por qué a nadie le importaba?
Decidí, seguir buscando la parada del 92. Tomé el colectivo y volví a casa. Tenía muchas cosas que hacer. Por ejemplo, no sé....comer y mirar el celu, pintarme las uñas y terminar el poema. Tenía que terminar de escribir un poema y enviarlo a un concurso muy importante.
Después que hice todo eso y con las uñas color violeta me acosté a dormir. Estaba muy cansada.. Ese día fuí al museo, ese que está en Recoleta y busqué el 92 mucho tiempo y ví a una mujer en un banco, en la plaza, ahí en Recoleta y no le pregunté todo lo que me pregunté cuando la ví porque tenía miedo a las respuestas que me podía dar.
Quizás, yo me veía reflejada en ella, por lo soledad que habitaba y también, por la cruda realidad de la invisibilidad.
Desde ese día, no me puedo dejar de rascar la cabeza.
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