Una mariposa incendiada que plantó
el caos en el jardín de mi corazón.
Extrajo hasta la última parte del polen
de las flores, sin importarle
quemarlas en el proceso.
Las asesinó lentamente en un amor
efímero que las hizo sentir vivas.
La cera de las velas lloró por ellas,
culpable por incendiar a la mariposa
que creó el caos entre el rosedal
de emociones.
Muchos pétalos hablaron de su experiencia,
logrando sobrevivir,
incluso aunque se sintieran muertas.
Lucharon por revivir a las flores que
las abandonaron,
creyendo en las mentiras de la mariposa.
Dulce engaño que las llevó a un entierro.
Ahora no queda nada en mi pecho.
Solo lágrimas que caen por mi rostro,
creando el mar de un corazón que carece de
sentimientos.
Mis dedos pasan suavemente por el
invernadero, buscando algo que le recuerde
la vida que solía florecer en aquel lugar que
quedó desecho en cenizas.
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