Soñaba con la libertad que siente un pibe al patear su primer gol.
Me inspiraba la vieja que habla con las flores en el geriátrico.
Lloraba cuando veía a una nena chiquitita agarrada de cada lado a sus papás.
Me derretía cuando un perrito de la calle movía la cola y se dejaba acariciar.
Salía a caminar por la plaza para observar a la gente vivir su presente de felicidad..
Por dentro, muy por dentro mío siempre supe que un día la autocompasión debía terminar, aunque las sábanas de mi cama me susurran que no duraría el cambio más de un día... Pero también era consciente de que esconderme en las sombras no hacía que la luz deje de existir, porque ahí se encontraba, debajo de mis ojeras oscuras, un brillo en mis ojos que suplicaba por no desaparecer, una leve línea de expresión en las comisuras de mis mejillas, que me recordaban que un día sonreír no dolía, que buena era la vida.
Por eso no pretendo olvidar la mejor versión de mí que tuve en el ayer, porque desde la copa de los árboles los problemas se ven como hormigas.
Sé que La luz que había volverá a existir, dejará de esconderse en su cuarto, entre las sábanas, porque un día siendo luz no inhibe la oscuridad, pero mil días siendo oscuridad pueden opacar la luz, y acá estoy yo, que decido aceptar ambas como un todo.
-Lana Green

Lana Green
Porque las mujeres escriben, porque de ellas son las palabras que florecen como las flores, y de ellas también son las palabras que marchitan corazones.
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