Pertenezco al ciclo
del fuego eterno,
alimentado
por el polvo de saturno.
Destellos dorados
quedan donde mis pasos,
mi túnica sobrevuela
aires desconocidos.
Rostros en las paredes
se asoman,
al sentir mi presencia;
no son mas que solo piedra.
Invitandolos a salir,
llamándolos hacía esta vida,
terminaron en este mundo
por sueños infusos.
Yo, criatura profetica
salvando corazones
que se han detenido
por la dureza de la vida.
Mi presencia se desvanece,
así cómo la esperanza
fundiendome como la estrella,
donde el retorno no existe.
Entrando en la tormenta
de la eterna noche.
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