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La humedad

May 9, 2026

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La humedad
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Aquella mañana, un hálito mefítico, por la humedad que reptaba las paredes con su vapor agrio, se coagulaba en cada rincón como el sudor de un espíritu. 

Antes de abrir los ojos, Manuel estiró la mano hacia la mesita de luz y apretó el botón del parlante. A Tout le Monde comenzó a sonar.

El sol naciente le golpeó la cara. Se incorporó. Detrás de la frazada demasiado pequeña que intentaba ser cortina, la ventana dejaba entrar el resplandor de la mañana. Al apartarla, cayó al suelo.

—¡AAAH!

El grito retumbó en la habitación.

Los párpados aún inflamados se le cerraron con furia. Entre los rayos de luz que atravesaban el vidrio, los ácaros giraban suspendidos como ceniza flotando en un fulgor enfermo.

Dio media vuelta y salió del cuarto.

La música seguía sonando en toda la casa, repitiéndose una y otra vez.

Bajó las escaleras en silencio. El aire parecía detenido. Cada paso quedaba cortado por la respiración áspera que se le escapaba de la nariz.

En la cocina comedor hacía un frío insoportable. La musculosa blanca, translúcida por el desgaste, pegada a su torso, las costillas parecían querer romperle la piel , el sonido de su estómago lo hacía mirar su vientre de a ratos. Transpiraba y temblaba dentro de aquellos joggings gris claro en los que sus piernas intentaban encontrar aunque sea una pequeña sensación de calor. Las plantas de los pies le ardían contra el piso congelado.

Abrió la heladera.

El interior vacío exhaló humedad y abandono. Había hongos en las esquinas, el fósil de medio limón abandonado, una lata de cerveza alemana barata, un tupper envuelto en una bolsa de nylon y, detrás de todo eso, el fondo blanco y desnudo.

Agarró la cerveza, la destapó sin cerrar la puerta y levantó la lata hacia el vaho que empezaba a salir de su boca.

—Por la abundancia.

Entonces miró su mano.

Las venas hinchadas bajo la piel blanca, resquebrajada por el frío. Permaneció quieto unos segundos, observándola como si perteneciera a otra persona. Después bebió un largo trago y pateó la puerta de la heladera.

Un imán sostenía un pequeño dibujo de una familia feliz, hecho por un niño. Todos sonreían allí, el sol brillaba encandilando aquel recuerdo, la vida parecía poder resumirse en esas líneas aisladas que formaban dos pequeños pájaros, una nube, manos agarrándose y pasto verde debajo de ellos, la imagen pareció entrar en sus ojos como pequeños alfileres y el ceño fruncido de Manuel, por unos segundos se desvaneció sobre su mirada.

Por las ventanas sólo se veía nieve.

Nieve sobre la calle.

Sobre los perros.

Sobre las bolsas de basura.

Sobre los cuerpos dormidos en las veredas. 

Los árboles desnudos parecían esperar la primavera, cuando las flores rosadas del jacarandá volvieran a cubrir las calles antes de morir otra vez sobre el asfalto.

Manuel se dejó caer en un sillón individual de cuero oscuro, cuarteado en las costuras. Frente a él, la ventana de la entrada silbaba el canto del viento.

A un costado había una mesa pequeña. Encima descansaban una lámpara sin foco, una caja de balas y un paquete de cigarrillos.

Sin mirarlo, sacó uno y se lo llevó a los labios violáceos partidos que parecían ser lo único con vida en su rostro.

Don’t remember where I was
I realized life was a game
The more seriously I took things
The harder the rules became…

La canción volvió a empezar.

Con el cigarrillo suspendido entre los dientes, Manuel levantó apenas la vista.

Había una rotura circular en el vidrio de la ventana.

Bajó la mirada. Encendió el encendedor.

Una ráfaga lo apagó antes de que pudiera aspirar el humo y encender la brasa.

Volvió a mirar el agujero.

Dejó el cigarrillo sobre la caja de balas, agarró la cerveza y terminó lo que quedaba de un solo trago. Después aplastó la lata en la mano y la dejó caer al piso.

Le costó ponerse de pie.

Apoyó una mano sobre la mesa ratona y avanzó encorvado entre las goteras y el vapor helado de su respiración. La casa entera parecía sostenerse apenas, igual que él.

I had no idea what it cost
My life passed before my eyes
I found out how little I accomplished
All my plans denied…

Abrió el cajón.

Dentro había un rollo de cinta americana, una fotografía chamuscada y una pistola nueve milímetros.

En la foto aparecía una niña pequeña. Una mano de mujer la sostenía desde un borde arrancado por el fuego.

Una lágrima cayó sobre la imagen.

De la garganta de Manuel salió un sonido seco, irreconocible. Una bocanada rota de aire.

Cayó de rodillas.

Junto al arma había una nota.

  If my heart was still alive
I know it would surely break
And my memories left with you
There’s nothing more to say.

Afuera, la nieve siguió cayendo sobre el mundo en silencio.


Alimac Nodrob

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