Desnuda frente al espejo de tus ojos
Me arranco de mí, me deshago
en cada esquina de tu mirada que no me toca.
Es una pregunta,
pero no hay respuestas en tus labios
que no se hunden en mi nombre.
Sos de ella, siempre lo supiste.
Yo te ofrezco la piel vacía
y vos me devolvés el silencio,
ese que me asfixia las noches
como si fuera un mar ahogándome
con tu indiferencia.
Ella es la forma que no tengo,
la sonrisa que no sé dar.
Se queda en tu pecho
y yo me quedo mirando el rincón
que me prometió tu sombra,
siempre esquiva, siempre otra.
Me queda la rabia de ser menos,
de ser la nada en la que te reflejás
cuando te cansás de mirarla a ella.
Y es tan fácil odiarla
como es fácil arrancarme los brazos
que nunca te abrazarán.
No hay palabra que baste,
no hay cuerpo que alcance.
Te nombro y me disuelvo,
como una lagrima que se pierde en la almohada,
como una promesa
que nadie se molestó en cumplir.
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