Conocerte fue como caminar por un campo inmenso
sin buscar ninguna flor en particular,
y aún así, descubrir que ese aroma
era exactamente el que llevaba tiempo
intentando recordar.
Como esperar a que el día termine
sin pensar en su despedida
y, al ver los últimos rayos rosas y naranjas,
entender que era justo esa luz abrasadora
la que necesitaba quedarse un poco más.
Tú...
mi estrella más brillante.
No la única en el cielo,
pero sí la que busco primero
cuando oscurece.
Y yo...
otra estrella más.
Brillo, pero hay más luces
que también llaman tu atención.
A veces miro el cielo y me pregunto
que se sentirá ser la luna de alguien.
No competir con otras estrellas
por tener un pedacito del cielo nocturno.
Tu corazón es tan amplio como el firmamento
que ves a todos con la misma intensidad.
Sé que me quieres,
lo sé en tus palabras,
tus abrazos,
tu forma de actuar.
Pero hay días en los que me duele
no ser esa persona irrepetible.
Noches en las que quisiera ser
LA estrella de alguien.
No un brillo compartido,
ni un empate de luces.
Solo la favorita.
Tal vez nunca he sido
la favorita de alguien.
Aún así,
cuando el cielo se oscurece,
mi mirada te sigue buscando sin dudarlo.
Aunque no sea la estrella
más importante en tu universo,
sigues siendo la más
deslumbrante en el mío.
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