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La estética gauchesca de LeGon

May 21, 2026

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 La estética gauchesca de LeGon
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La estética gauchesca de LeGon

Fuente: https://www.pagina12.com.ar/401812-las-nuevas-voces-del-folclore-lgbt?fbclid=IwdGRzaAM1KZhjbGNrAzUm0GV4dG4DYWVtAjExAAEe8ve_OYF7LRxF_CPVLHf76hXMoxkXK3uejdMlOPbteIPWNWp1Mk5nVRgkRIA_aem_4WusUku8lFEiN2mJZpdxCg&sfnsn=scwspwa

Introducción

En las imágenes elegidas se puede ver a LeGon, presentade en su cuenta de Instagram como “Gauche, Drag Queer, bailarine”. Las fotografías, tomadas por Sebastián Freire para Página 12 en el marco del segmento Las nuevas voces del folclore LGBT , inscriben su figura dentro de una escena artística contemporánea que tensiona las fronteras entre tradición e identidad disidente. LeGon se presenta como una corporalidad que irrumpe en el imaginario gauchesco argentino, históricamente asociado a valores de virilidad, fuerza y rudeza, para proponer una relectura estética y política de ese mito fundacional. Desde una perspectiva que entiende el arte como espacio de disputa simbólica (tal como propone Jacques Rancière) estas imágenes pueden leerse como intervenciones políticas que reconfiguran el régimen de lo visible dentro del imaginario nacional.

La figura del gaucho ha sido central en la construcción simbólica de la nación argentina, consolidada bajo claves heteronormativas, binarias y patriarcales. En ese marco, el folklore no solo ha funcionado como práctica artística sino también como dispositivo de regulación de los cuerpos y de las identidades. Las imágenes analizadas ponen en cuestión esa matriz al introducir una estética queer que combina artificio, exageración y teatralidad con elementos propios de la tradición gauchesca. Este artículo propone analizar cómo, a través de la estilización, el artificio y la exageración —en diálogo con la noción de lo camp desarrollada por Susan Sontag y las reflexiones sobre performatividad de género de Judith Butler— las imágenes de LeGon desestabilizan la masculinidad gauchesca tradicional, subvierten los códigos visuales del folklore, y amplían las posibilidades de inscripción de otras subjetividades dentro de lo nacional-popular.

Para analizar las imágenes se tomarán en cuenta textos de Jacques Ranciere, Judith Butler, Silvia Molloy y Susan Sontag, entre otres.

Desarrollo

Las normas que subvierte

A partir de las imágenes podemos pensar en el arte y su “ vocación de responder a las formas de la dominación económica, estatal e ideológica.” (Ranciere, 2010, p. 53) La persona en las fotos juega con la combinación de elementos asociados históricamente a lo masculino (barba, bigote, torso descubierto) y con elementos asociados a lo femenino (maquillaje recargado, pollera, corset). El imaginario cultural de lo que debe ser el folclore para la mujer y para el hombre se ve desafiado por esta estética que escapa a la lógica binaria hombre/mujer y que muestra que la identidad puede ser fluida, híbrida y expresiva incluso dentro de las tradiciones artísticas más antiguas de nuestro país.

La figura del gaucho fue usada como mito fundacional de la Argentina, pero siempre bajo claves heteronormativas, binarias y patriarcales. Las mujeres eran las “paisanas” y sus vestimentas varían dependiendo de la zona de Argentina que habitaban, pero manteniendo una estética discreta. Sobre los vestidos que usaban, los materiales incluían algodón, nada de seda ni broderie lo cual contrasta con los géneros usados por LeGon: tules, sedas y telas brillosas llamativas. Sobre las estampas y colores, “El estampado es discreto: lunares pequeños, colores simples, ni flores grandes, ni grandes escotes.” (1) También se encuentra allí una gran diferencia al usar colores llamativos y brillosos, escotes y relieves prominentes. En lo que respecta al maquillaje, se usaba la cara lavada sin ningún tipo de sombra o delineador, elementos los cuales aparecen fuertemente en la estética drag usada por LeGon. La sobriedad de la paisana es opuesta a la impronta estridente que propone le artista. Se puede decir también que al usar ropa con relieves, abullonada, con volumen estructural que rellene espacios tal como se puede apreciar en ambas fotografías en la parte del torso y brazos, es una forma de declarar su presencia, una manera de ganarse dicho espacio, de ocuparlo sin pasar desapercibide.

Al analizar la vestimenta clásica masculina del gaucho o paisano, este usaba “Pantalones amplios, llamados bombachas, sostenidos con un cinturón con una faja de lana tejida y un ancho cinturón de cuero adornado a veces con monedas (llamado tirador)” Aquí podemos encontrar algunas semejanzas, más que nada en la segunda foto, ya que la faja de lana aparece como elemento y también los colores de la tela son sobrios. Sin embargo, LeGon mezcla esa estética con la falda larga de la paisana. Lo mismo sucede con el sombrero, otro elemento clásico de la vestimenta masculina gauchesca, pero esta vez con materiales brillosos y rosados (tradicionalmente relacionado con lo femenino). Estas imágenes desafían esa lectura heteronormativa y binarista: se introduce la posibilidad de otras corporalidades y da lugar a otras subjetividades dentro de lo “nacional-popular”. LeGon nos lleva a replantearnos las tradiciones dentro de la heteronorma en el país de una forma consciente y política “[...] lo que vemos -sobre el escenario del teatro, pero también en una exposición fotográfica o en una instalación-, son los signos sensibles de un cierto estado, dispuestos por la voluntad de un autor.” ( Ranciere, 2010, p.55)

Pose y performance

Sobre la pose performática, se aprecia que la vestimenta, el maquillaje y la actitud escénica remiten al drag o a prácticas performáticas que ponen en evidencia que el género no es algo “natural” sino una construcción cultural con la que se puede jugar, exagerar o parodiar. El arte “nos transforma en opositores al sistema dominante al negarse a sí misma como elemento de ese sistema.” (Ranciere, 2010, p.54) ¿Por qué pensar en una estética queer dentro de un ámbito tan tradicional como lo es el folklore en Argentina? Según José Esteban Muñoz, “[...] lo queer existe para nosotrxs como una idealidad que puede destilarse a partir del pasado, y usarse para imaginar un futuro.” (2020, p. 29) Del gaucho con esa estética tradicional de trabajador del campo, hábil con el cuchillo y ligado a una visión muy “dura” de la masculinidad podemos pasar a gauches con glitter y vestimentas con tules, pero con el mismo amor por el arte de la danza folclórica ya que, “Lo queer es un modo estructurante e inteligente de desear que nos permite ver y sentir más allá del atolladero del presente. El aquí y ahora es una cárcel.” (Muñóz, 2020, p. 29) La vestimenta brillante y teatral toma distancia de la sobriedad asociada al tradicional poncho o a las ropas de trabajo del gaucho para decirnos: lo gauchesco también puede ser queer, diverso y no-binario.

Hay algo sobre la feminidad en las imágenes, en la exageración ,lo mimético y la pose que puede ser, como dice Craig Owens, “Tal vez debido a la tan arraigada identificación que se da en nuestra cultura entre feminidad y mascarada” (p. 194) Buscando un efecto en quien es espectadore (en este caso quien ve las imágenes o quien ve los bailes folclóricos), “Replicamos ciertas palabras e imágenes y observamos cómo se alejan o coinciden con vuestras nociones de realidad y ficción. “ (Owens, p. 194) En este caso, quien es espectador puede replantearse sus nociones de realidad y ficción relativas a nuestra tradición folclórica; ¿siempre debe ser el hombre, el verdadero hombre de pelo en pecho esa imágen gauchesca?, ¿Siempre su partener debe ser una dama femenina y delicada? ¿Qué pasa cuando lo performativo escapa a lo binario?

En palabras de Butler:

Decir que el género es performativo significa decir que posee una determinada expresión y manifestación; ya que la “apariencia” del género a menudo se confunde con un signo de su verdad interna o inherente. El género está condicionado por normas obligatorias que lo hacen definirse en un sentido u otro (generalmente dentro de un marco binario) y por tanto la reproducción del género es siempre una negociación de poder. (2009, p. 322)

Podemos decir entonces que LeGon subvierte las normas obligatorias binarias y esa acción es una negociación de poder al exagerar y mezclar signos de “masculino” y “femenino”. Esa exageración se puede pensar como estrategia tal como se expresa en “La política de la pose” de Silvia Molloy, “ la exageración es estrategia de la provocación para no pasar desatendido, para obligar la mirada del otro, para forzar una lectura, para obligar un discurso.” (Molloy, 2012, p. 3) Se desnuda la construcción cultural que siempre hubo detrás de esas imágenes tradicionales del gaucho viril y en su arte en tanto política “se ve esta vocación [del arte] reafirmada adoptar formas divergentes” (Ranciere, 2010, p.53) Como expresa Ranciere, “La voluntad de repolitizar el arte se manifiesta así en estrategias y prácticas muy diversas.” (2010, p.54) Podemos afirmar que a este planteo político es al que quiere llegar le artista al ver su presentación en Got Talent Argentina, en donde afirma que es une “gauche empoderade rompiendo los esquemas y dándole lugar, y visibilizando, a un montón de diversidades que quieren habitar el folklore y no encuentran su lugar”(2).

Sobre la manera de posar para la fotografía se puede pensar que la pose también puede ser política, porque cuestiona normas de género y de deseo. Como se expresa en “La política de la pose”, “Exhibir no solo es mostrar, es mostrar de tal manera que aquello que se muestra se vuelva más visible, se reconozca.” (Molloy, 2012, p. 2) Así podemos reconocer entonces el uso de la falda (considerada tradicionalmente como prenda femenina) y el torso desnudo de “pelo en pecho” (como se consideraría que debe ser un hombre tradicionalmente), pero que posa con cierta delicada feminidad al sostener dicha falda. El uso de esta estética en donde los códigos masculinos y femeninos se mezclan, desplazan la imagen del gaucho tradicional y crean una provocación política a partir de la estética, pueden llevar a cuestionar lo normativo, a analizar este nuevo discurso y a tener en cuenta la existencia de otras identidades. Lo rudo del pelo en pecho y lo delicado del acto de sostener la falda se entrelazan así como lo hacen las vestimentas tradicionales con la falta de sobriedad que se supone que deben tener. Además, mantener la frente en alto en ambas fotografías puede relacionarse con el orgullo, la valentía frente a las construcciones sociales binarias y heteronormativas establecidas.

Lo camp en LeGon

Teniendo en cuenta su maquillaje y vestimenta exagerada o extravagante, podemos considerar su estética como camp ya que, como explica Susan Sontag en “Notas sobre lo <<camp>>” (1984), “la esencia de lo camp es el amor a lo no natural: al artificio y la exageración” (p. 355) En las fotos elegidas se puede apreciar el amor por lo artificial, lo exagerado, lo estilizado, y cierta valoración de lo que es “demasiado”: exceso, teatralidad, dramatismo (ideas que también se suelen asociar a lo queer/cuir). Sin embargo, no deja de verse también el amor por el arte tradicional de nuestro país aunque en un tono irónico (lo que es muy diferente a una mera burla) y eso configura un “símbolo de identidad” (Sontag, 1984, p. 355). Lo que propone LeGon va de la mano con lo que planteaba Sontag al explicar qué es lo camp:

Lo camp es una cierta manera del esteticismo. Es una manera de mirar al mundo como fenómeno estético. Esta manera, la manera camp, no se establece en términos de belleza, sino de grado de artificio, de estilización.(1984, p.357)

Por lo tanto, desde la perspectiva de Sontag, estas imágenes pueden leerse como camp en tanto privilegian el artificio por sobre la naturalidad. El maquillaje recargado, los volúmenes exagerados y la teatralización del vestuario no buscan belleza clásica ni verosimilitud histórica, sino que subrayan el carácter construido tanto del género como de la tradición gauchesca. La figura no pretende encarnar al gaucho “real”, sino exhibir su condición de imagen estilizada. En ese exceso, lo gauchesco deja de ser esencia para convertirse en fenómeno estético.

Conclusión

A partir del análisis realizado, podemos afirmar que las imágenes de LeGon no solo intervienen una estética tradicional sino que la reescriben desde adentro. La operación no consiste en negar lo gauchesco, sino en expandirlo: allí donde el mito nacional había fijado una masculinidad rígida, heteronormativa y sobria, emerge una corporalidad que mezcla, exagera y desplaza signos, evidenciando que toda identidad (incluso la más “tradicional”) es ya una construcción. La barba convive con el glitter, el corset con la faja, el tambor con la falda amplia; no como contradicciones, sino como articulaciones posibles de una subjetividad que rehúsa quedar atrapada en lo binario.

En este sentido, la propuesta estética y performática de LeGon confirma que el folklore no es un espacio estático ni clausurado, sino un territorio en disputa. Tal como sugieren Rancière, Butler o Muñoz, el arte puede abrir grietas en el régimen de lo visible, alterar lo que se considera natural y habilitar otras formas de deseo y pertenencia. La exageración, la pose y el artificio (leídos desde lo camp) funcionan aquí como estrategias políticas: no buscan ocultar la construcción del género, sino exhibirla.

Así, lo gauchesco deja de ser exclusivamente el emblema de una nación homogénea para convertirse en un escenario donde múltiples identidades pueden inscribirse. La figura de le “gauche empoderade” no parodia la tradición: la habita, la tensiona y la transforma. En esa tensión reside su potencia política y estética, porque demuestra que incluso los imaginarios más arraigados pueden ser resignificados cuando otras corporalidades se atreven a ocupar el espacio, a sostener la mirada y a reclamar (con brillo, volumen y teatralidad) su lugar dentro de lo nacional-popular.

Bibliografía consultada

Butler, Judith, “Performatividad, precariedad y políticas sexuales”, AIBR. Revista de Antropología Iberoamericana, vol. 4, n° 3, septiembre-diciembre de 2009, pp. 321-336.

Ranciere, Jacques. “Las paradojas del arte político” en El espectador emancipado, Buenos Aires: Ediciones Manantial, 2010, p.53-84.

Molloy, Sylvia. Poses de fin de siglo : Desbordes del género en la modernidad (Buenos Aires, Eterna Cadencia Editora, 2012, pp. 41-53).

Muñoz, José Esteban Utopía Queer. Caja Negra Editora, 2020.

Owens, Carl. "Posar". En: J. Ribalta (ed.), Efecto Real. Debates posmodernos sobre fotografía. Barcelona: Gustavo Gili, SA, 2004, pp. 194-215.

Susan Sontag, “Notas sobre lo camp”, en Contra la interpretación y otros ensayos. Barcelona: Seix-Barral, 1984, pp.303–21.

(1) Información que aparece en la nota de La Nación “Día de la tradición: así se visten el paisano y la paisana “, https://www.lanacion.com.ar/lifestyle/dia-tradicion-asi-se-visten-paisano-paisana-nid218933

(2) Video disponible en https://www.rafaelanoticias.com/espectaculos/gonzalo-javier-dejon-legon-queen-el-empoderamiento-del-folclore-drag-en-got-talent-argentina.htm

Paola Bica

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