...
Castells.
Colaboración, confianza y comprensión de las capacidades individuales en función del objetivo colectivo.
Cada persona, desde el folre hasta el enxaneta, desempeña un papel crucial y la fortaleza de la estructura depende de la sincronización y el apoyo mutuo.
Veo esa manifestación cultural como una metáfora hermosa de cómo una sociedad podría funcionar de manera más armónica y constructiva.
Por otro lado, el deporte puede fomentar disciplina, trabajo en equipo y superación personal, pero en muchas ocasiones se centra excesivamente en la competitividad y en la idea de vencer al otro (hoy se juega un Barça-Madrid y alguien, miles, no acabarán contentos). Esta mentalidad, llevada al extremo, puede exacerbar el individualismo y la falta de empatía y la hipérbole del enfrentamiento destructivo, justo lo contrario de lo que una educación liberadora debería a promover.
Creo que, para que las sociedades mejoren de forma sustancial y se libren del destino al que ahora están abocadas, es del todo necesario reorientar el enfoque, tanto en la educación como en el deporte y otras actividades, hacia la colaboración y el reconocimiento del valor de cada individuo dentro de un proyecto común. Aprender a construir juntos, a apoyarnos mutuamente para alcanzar metas que serían imposibles de lograr individualmente. Como los castells.
Castillos de sueños que nos podrían llevar más allá de Orión.
Dolbach.
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