hace un tiempo tengo esta idea descansándome en los borradores de la poeta privada, la que no publica, la que no lucra, la que apenas y habla.
la pregunta me surgió en inglés (coffin y casket) porque "féretro" apenas y es mencionado en mi vida, mucho menos la muerte, aunque yo voluntariamente la desvelo.
dice: el ataúd (coffin) es un compartimiento hexagonal, se adapta al tamaño ancho de los hombros y adelgaza a medida que la figura desciende, achicándose en los pies. se ahorra madera, es práctico para la cremación, menos abullonado, menos decorado, cumple su función enteramente, sin borlas, apenas un cojín, apenas un descanso. la tapa se abre entera para el velorio.
el féretro (casket) es rectangular, ni ahorro en madera ni mucho menos, más hecho para el culto, más fino, donde parece que el respeto al muerto es permitirle descansar entre las finas telas de un tejido a mano. se abre la tapa superior para ver al fallecido apenas del pecho hacia arriba, el otro pedazo es para meter a la muerta, o sacarla.
la regla no siempre viene desde la capacidad económica, no voy a narrar a mi favor, incluso; en el inglés, el nombre "casket" nació para suavizar la brutalidad con la que pareció haber nacido (o muerto) "coffin". a veces hasta los nombres suenan finos, inalcanzables, ocultos, "féretro" parece tener una calidad de culto. lamentablemente es verdad, para lo que pagues te lo dejan bonito, pero si tienes poquito para tener dónde caerte muerto, con el ataúd sencillo te ahorras plata, tal vez es solo mi opinión pero, es burdo, la tapa del ataúd te muestra la frialdad de enfrentarte a todo un cuerpo frío, de cabeza a pies.
me dijiste que me amabas sólo una vez porque no me pude permitir escucharte más. no es que no te creyera, a veces, ni les puedo negar que me aman, pero yo siento en las mías las manos de la muerte, que me precipita en un abrazo la cascada helada del miedo.
¿desde hace cuánto no sale el sol? a veces también te extraño; prefiero ver el recorrido de la sangre desde mis venas hasta la bebida amable del pasto y la tierra a tener que volver a verte la cara.
te demoraste en decirte que me amabas, de hecho, yo te lo dije primero y no sé si te escuché bien al creer que me lo devolviste.
a veces se me olvidan tus ojos y en el ocaso de la madrugada antes de que tiriten las alarmas en mi casa recuerdo el mismo bombeo de cuando salía a la calle con miedo de encontrarte, desde el pecho a la garganta. ¿dónde me vas a enterrar? ¿con mi cuerpo vas a tener piedad o me haces desechable como un girasol muerto que aún busca la luz en tu caricia?
yo me cansé de corretear al tiempo, de pretender que adivinaré lo que se te ocurre si me piensas, si no me piensas, si me olvidas, si me olvidarás.
hace mucho tiempo dejé de creer en dios, y tengo montados otros altares, sangrados con mis pies, atorados en las grietas de una fortuna naciente de baldosas viejas. dime, decíme, ¿para qué voy a necesitar tu paciencia? ¿para qué espero y a quién? ¿a quién deseo y por qué me pudro bajo la memoria de tus dedos? ¿para qué quiero volver a mi casa? ¿qué hay ahí? si las casas no son más que figuras de recuerdos; una rodilla contra el borde de la cama, una risa tirada en el suelo, lágrimas en la mesa de vidrio, la acogida de mis propios brazos encima de la blancura fría de la niñez.
y desde chiquita yo llevo sola, yo llevo muerta, llevo a dios a cuestas porque me quiso engarzar el peso de su hijo, de permanecer humana, me hizo arrastrar la muerte sin poder morirme y dios mío, dios mío no sabés cómo lo añoro.
Dios, ¿vas a llorar encima de mi ataúd abierto? ¿te vas a apiadar de mí cuando te cuente que pude evitar la muerte y decidí meterme a verla mientras se desnudaba? ¿te vas a apiadar de mi papá? ¿hay un lugar allá arriba en el cielo para la gente que ya no se aguanta buscarse poesía debajo de la piel? porque mi Dios, yo ya no encuentro nada.
el féretro es para quien no quiere ver cómo el Señor allá arriba le dejó la caja de su cariño, para el estómago débil que no se quiere enfrentar a la nada, a nada, el piso seco, tierroso de la muerte, la letra que no va a florecer de ahí. el féretro es para quien nunca se va a enfrentar a enterrar y desenterrar sus muertos con las uñas, con los dedos sangrando, sin hojas ya, sin lapiceros ya.
la tierra es para ella a la que le gustaría nadar entre gusanos y cascabeles que presagian la vida, aferrándose a la raíz de la promesa de la paz eterna. lo que pasa, Dios, es que yo no te creo. no te puedo creer por mucho que me perdones, porque me dijiste que me amabas muy pronto, me juraste infinidad en las puertas de mi corazón naciente, malformado, recalcitrante, y vos no le podés prometer eso a una niña. no me lo podés recordar a mí, porque es mucho amor, Dios, mucho cariño. y yo no puedo amar a quien no es endeble, no puedo amar a alguien que no se quiere morir cada que se enfrenta al frío de esta ciudad arropada.
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