caminé por la ciudad que no duerme, que no descansa ni se inmuta en hacerlo.
donde la vida pasa rápido y el cansancio la vuelve lenta.
donde la humanidad y los sentimientos carecen de validez.
la gente pasaba sobre mí, sin saber que yo estaba al lado suyo, no porque no les importara, sino porque el tiempo es escaso y perder segundos significa perder todo el día.
en un altavoz se repetía aquella canción de cuna que se suponía que no debía hacerme llorar.
pero lo hizo.
ese ritmo lento, con una voz que casi susurra y que contrasta con el ruido de los autos y de los semáforos hizo que mi corazón se hiciera añicos.
por primera vez, no importaba el tráfico, el escándalo propio de aquel lugar o incluso la multitud de la gente ya cansada.
por primera vez, ir a tu propio ritmo no era un pecado, sino una manera de seguir adelante.
por primera vez, no tenía que tragarme el martirio que llevaba acumulado en mi corazón.
por primera vez, viví.
tal vez nunca fui una maquina.
tal vez empecé a ser humano otra vez.
Our picks
Become a supporter of quaderno
Support this independent project and get exclusive benefits.
Start writing today on quaderno
We value quality, authenticity and diversity of voices.


Comments
There are no comments yet, be the first!
You must be logged in to comment
Log in