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La casa de Santa Clara

Daffi T

Jun 11, 2026

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La casa de Santa Clara
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Ya van tres semanas en que todas las noches hablamos horas y horas hasta dormirnos. Para mí, al día siguiente llevar la vida adulta no es tan fácil con sueño, sin descanso y el tráfico de este Buenos Aires frío y gris. Creo que estamos demasiado grandes para revivir las desveladas que recordamos anoche. 

Por las mañanas conduzco mi auto hasta la empresa, estaciono fácil, construí este imperio sola. Si no me hubiera hecho un estacionamiento exclusivo, hubiera fracasado como ejecutiva de marketing. 

Todavía tengo tu mensaje de buenos días sin leer. No sé cómo hacés para levantarte tan fresco y hasta tener ese detalle conmigo, que te respondo cuando tengo un tiempo libre. Ya me conocés, vivo atareada con asuntos de la empresa y las marcas. Vos estás viviendo como un ermitaño, solo en ese pueblito de mala muerte y claro, no tenés horario alguno, seguís siendo un bohemio como lo fuiste siempre, atento y gentil, pero de esos que nunca se sabe por qué lugares del mundo anda... 

Dijimos que el próximo mes iríamos a pasar una semana a la playa, juntos después de quince años, pero honestamente tengo miedo. Volver a verte es algo impredecible, temo decepcionarte, han pasado muchos años y tal vez ya no sea la joven ambiciosa que recordás. Ahora tengo todo lo que siempre quise ¿y si quizás ahora yo me decepciono de vos, o no puedo olvidar que me heriste? ¡Me dejaste para irte a Europa a pintar murales!...

Pienso en tu llegada a la casa que compré con el deseo tácito de alguna vez verte entrar por esa puerta y me invade una incertidumbre inmensa. Pienso en vos bajando del auto o golpeando la puerta, quizás un mensaje de que estás afuera. Dejaría la puerta abierta sin dudas para ahorrarme el momento tenso de abrirte, quizás fingiría estar haciendo algo con naturalidad. O quizás estaría esperándote sobre la mesa, provocadora como en aquellos tiempos, ya dispuesta a romper el hielo. Me gustaría correr a vos y sentir que tu cuerpo aún reconoce el mío. 

Diría algo como que me hiciste esperar mucho, o que estaba ansiosa por abrazarte una vez más. Me apegaría a tu aliento como si fuera la última bocanada de aire en el planeta y recorrería enteros todos los caminos que recuerdo de memoria, que repaso cada noche, hace semanas, con tus fotos y los recuerdos que refrescás. Haría una estación en cada lunar de tu piel y pronto estarías sobre mí y estaríamos tan apasionados que olvidaríamos el tiempo,  la ropa y que dejamos la puerta abierta. Te llevaría de puntitas hasta los más recónditos secretos de mi deseo. Te mostraría cada rincón de la casa como nunca nadie antes lo vio y haríamos por fin realidad aquella lista de fantasías que hemos escrito en chats todas estas madrugadas. Me embriagaría de nuevo en tu perfume, enredando mis dedos en tu pelo, hasta quedarme dormida en tus brazos. Te despertaría pasado el amanecer con un café…Caminaríamos cinco cuadras hasta la playa de la mano, o tal vez jugando como adolescentes.

Hasta ahí llego. Ahí el miedo, ¿qué haremos después? Nunca hemos tenido después de eso. A veces decís que te gusta cocinar, tendremos que comer juntos y yo soy complicada con las comidas. ¿Qué tal si no desayunamos lo mismo? ¿Y si hice mal las compras porque nunca te pregunté qué te gusta comer?  ¿Qué tan expuesta me deja preguntarte qué comés? Lo que realmente me asusta no es encontrarte distinto o darme cuenta de que en realidad nunca llegué a conocerte. Lo que me asusta es descubrir que sigo siendo la misma cuando estoy con vos. 

Imagino que entrás por esa puerta, cruzás el jardín y lloro desconsolada de haber pensado esto tantas veces ¿Podrías contenerme? ¿Sabrías qué hacer conmigo? Y es que a veces pienso en vos y lloro, algunas porque te extraño tanto y otras porque has vuelto a mi vida sin pedir permiso. Nadie sabe que lloro ¿pero qué tal que me veas hacerlo y que no pueda parar?  ¿Qué tal si al verte recuerdo tu cara diciéndome que te ibas y la ira vuelve a mí como aquel día? ¿Pelearías conmigo para luego reconciliarnos como siempre?

¿Sería tan intensa la pasión para remendar quince años de ausencia? ¿Podrían tus labios, de nuevo ser suficientes para callar mi corazón? 

-Buen día, Mati, ¡Tengo malas noticias! Al final no podremos usar la casa de Santa Clara esa semana, tendremos que posponer el viaje porque están refaccionando… 


Daffi T

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