La caja.
En una vieja venta de segunda mano, un hombre llamado Ernesto encontró una pequeña caja de madera tallada a mano. Algo en su diseño intrincado y misterioso le llamó la atención y, sin pensarlo dos veces, decidió comprarla.
Desde aquel día, la caja se convirtió en el centro de su vida. Pasaba horas y horas observándola, fascinado por sus detalles y la extraña sensación de tranquilidad que le transmitía. Dejó de salir, de comer y hasta de dormir; su única ocupación era contemplar la caja.
Un día, Ernesto despertó y la caja no estaba en su lugar habitual. Entró en pánico. Buscó frenéticamente en cada rincón de su casa, volcó muebles, rompió objetos, pero la caja parecía haber desaparecido. La desesperación lo consumía, su mente estaba completamente obsesionada con la caja y su ausencia le resultaba insoportable.
Ernesto se volvió un ermitaño, su casa quedó en ruinas, y él se sumió en la locura. Su vida se redujo a una interminable búsqueda de la caja que nunca encontraba. No podía entender cómo había desaparecido, cómo había podido perder lo único que le importaba.
Lo que Ernesto no sabía era que la caja siempre estuvo allí, en el mismo lugar donde la había dejado. Su obsesión era tan grande que había dejado de verla.
La caja, con su misterioso poder, había consumido su vida y lo había cegado, dejándolo en un estado de desesperación perpetua.La pequeña caja de madera tallada a mano permanecía inalterada, en el mismo lugar, mientras Ernesto, en su locura, seguía buscándola sin descanso, atrapado en su propia obsesión.
Por Fer.Bassini
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