Pensé que en algún momento podía dejar de escribir sobre estar triste y que en la felicidad podía encontrar el abrazo tibio que necesito para dormir de noche. Pero fue eso, solo un pensamiento.
Con la rapidez y fulgor de un fósforo cuando recién se enciende después de rasparlo y se consume, todo se volvió negro y frío otra vez. Duró poco la luz, duró poco el calor. De repente, dentro de mi corazón es invierno una vez más, un invierno que no se cuándo va a terminar y que con sus heladas volverá mi interior el más árido terreno. ¿Volverá a crecer algo ahí después de que todo se queme con el frío más cruel?
Es difícil ver el fondo del túnel cuando la venda aprieta cada vez más fuerte, tanto que los ojos duelen. Es difícil moverse cuando los pies se duermen y el morado de los dedos se vuelve tan oscuro que se pierde en el contexto sin luz que me rodea. ¿Voy a tener tu voz para guiarme? ¿Puedo confiar en que me lleve por el camino correcto? ¿Como podré distinguirla en mis pensamientos, si se disfrazan de vos y me engañan para hacerme perder la poca cordura que me queda? Supongo que es imposible saberlo, lo único que me queda es seguirte para no sucumbir; y si caigo, que sea lo más rápido posible.
Que mi cuerpo inerte atraviese las capas del cielo y en la velocidad combustione en los más fantásticos colores para que cuando los amantes sean testigos de la caída entre besos, me confundan con una estrella fugaz y le pidan el deseo de amarse siempre, siempre de verdad, siempre como la primera vez, siempre como yo te amé.
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