No voy a hablar en tono moderado.
No voy a fingir neutralidad.
Me da bronca.
Bronca política. Bronca consciente.
Bajar la edad de imputabilidad a 14 años no es una medida de seguridad.
Es una declaración de prioridades.
Y las prioridades están claras: el presupuesto no alcanza para derechos, pero siempre alcanza para castigo.
A los 14 no sos peligro.
Sos producto de un contexto.
Sos hijo de decisiones políticas.
Sos consecuencia de ausencias acumuladas.
¿Dónde estuvo el Estado cuando faltó comida?
¿Dónde estuvo cuando la escuela expulsó en vez de contener?
¿Dónde estuvo cuando el barrio pidió oportunidades y recibió patrulleros?
No se puede abandonar primero y castigar después como si nada tuviera relación.
No es casual que esta ley tenga un destinatario implícito.
No apunta a todos los adolescentes.
Apunta a los pobres.
A los que no tienen apellido influyente.
A los que no tienen abogados caros.
A los que nacieron donde el futuro siempre fue más estrecho.
Esto no es justicia.
Es disciplinamiento social.
Es decir:
si sobrevivís como podés, te vamos a encerrar.
Si el sistema te empuja, te vamos a responsabilizar.
Si no encajás en el modelo, sos amenaza.
La seguridad real no se construye bajando edades.
Se construye garantizando derechos antes de que el daño ocurra.
Se construye con educación que abrace.
Con trabajo digno para las familias.
Con políticas que lleguen antes que la policía.
Lo otro es espectáculo.
Es campaña.
Es miedo organizado.
Y no, no compro el relato de que esto es por “la gente de bien”.
La gente de bien también es el pibe que nació sin oportunidades.
La gente de bien también es el que quedó afuera.
No acepto que nos acostumbren a que algunas vidas valgan menos.
No acepto que la respuesta al abandono sea más abandono institucionalizado.
Si el Estado falló en cuidar,
no puede presentarse ahora como juez severo
sin antes mirarse al espejo.
No nacen delincuentes.
Se fabrican contextos.
Se producen exclusiones.
Se construyen desigualdades.
Y después se castigan las consecuencias.
Mi bronca no es irracional.
Es ética.
Porque cuando la política elige castigar en vez de reparar,
lo que está diciendo es que la pobreza no es un problema a resolver,
sino un riesgo a controlar.
Y eso no es justicia.
Eso es renuncia.

Hormiga insurrecta
Pequeña, terca y colectiva. Desde las grietas del mundo nacen flores. Rabia organizada. Ternura rebelde.
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