la ficción se apodera de mi ser,
los mundos que aparté
y la imaginación que te pertenecía
ahora me ahogan.
eras mi realidad.
se sentía redundante soñar
cuando despierta veía tu ser,
que parecía sacado de un poemario
de la poetisa más enamorada
que haya existido.
¿con qué fuerzas
invento tu oscuridad?
si en todos mis poemas,
en mis historias,
en mis sueños,
en la historia que me cuento
—no la que sale de mi boca hacia afuera—
siempre fuiste la ternura que soñé con inocencia
antes de siquiera entender qué era.
me desespero; quisiera que tu luz
se tiñera con algo que me doliera,
rezo para que algún dios te otorgue la maldad.
pero no existe, y lloro.
lloro tanto,
porque sé que con la misma desesperación
con la que busco en algún rincón de mi alma
un odio que no existe,
voy a buscar el amor que habitó en tus palabras,
incansablemente, en otras bocas,
y no lo voy a encontrar.
buscas odio en mi mirada,
solo puedo darte el amor del que me llenaste.
solo puedo buscarte en los sueños, en la ficción;
ahí puedo amarte tanto como me amaste,
y ahí, lo que acá no pudo, bastó.
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