Últimamente así eran sus domingos, a la noche recolectaba en la mente todas las posibilidades donde tener la certeza de que su futuro iba a mejorar notablemente. Desde el horóscopo semanal de las redes sociales hasta las predicciones esotéricas de una desconocida tarotista, a la cual solicitó sus servicios de manera virtual. Cuando no encontraba resultados satisfactorios se le daba por rezar, con riesgo a quedarse dormida. Su abuelo decía que si te dormias rezando el enemigo habia ganado, pues el sueño te vencio en plena conversacion con Dios; entonces murmuraba oraciones cortas y al terminar quedaba en blanco, no sabia que pedir en realidad. ¿Era feliz? Claro que sí, pero era como si le faltara algo, como si tuviera en frente un apetitoso plato de pastas con salsa pero sin queso. Como si a pesar de todo le faltara sabor a la vida, como si dentro suyo se sintiera soledad. La tarotista le habia dicho que al analizar su presente las cartas arrojaron que se sentia sola, lo cual era sorprendentemente cierto. Cuando se lo comentó a su mejor amiga ella rió, y le dijo: “-¿Cómo te puedes sentir sola Amanda? Me tienes a mi, a tu hermana y a tu madre. También a tu padre y hermano, son todos muy unidos. “ El comentario le dolió aunque supo que era cierto pero aun así no dijo nada y se cerró más que antes en sus asuntos. Se distraia viendo peliculas, leyendo libros y oyendo música, cualquier cosa que le impidiera pensar en sus emociones. ¿Estaba desagradecida con lo que le tocó? No queria serlo, sabía que era afortunada. Trataba de enfocarse en cosas importantes como los estudios, aunque ya no le interesaba como antes. Para colmo habia comenzado el otoño y con eso sus ánimos se vendrian mas abajo todavia como en sintonia con el clima, ya le habia pasado años anteriores. Era un otoño lluvioso, casi siempre ocurria en los fines de semana, el encierro produce una ansiedad que la llevaba a vaciar la heladera, despues venía la culpa última la soledad , que crecia como un monstruo gris dentro de ella donde dolia tanto que terminaba en una angustia y se salia por los ojos. Ahi la cosa se aplacaba un poco y a la hora de dormir revisaba su horóscopo, los mensajes de la tarotista, mantenia una pequeña charla con Dios y se iba a dormir con un kibou en el pecho.

Ro
Hola soy Rosario pero todos me dicen Ro. Empecé hace poco a escribir porque me di cuenta de que me hace sentir bien, solo por eso.
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