Hay quienes se van en silencio,
despidiéndose en cada gesto
con la precisión cruel de quien ya lo decidió.
Doblan la ropa con ternura,
dan los buenos días con suavidad de despedida,
se quedan un rato más,
pero ya están lejos.
Y uno
ingenuo,
amoroso,
torpe,
permanece.
Con las manos llenas de todo,
con el corazón extendido
como si el tiempo aún fuera un lugar habitable.
Cuántos besos nos dieron
como quien riega una planta sabiendo que no va a sobrevivir el invierno.
Cuántos dimos nosotros,
sin saber que eran los últimos.
Pensando que la costumbre era sinónimo de eternidad.
Es injusta la asimetría del adiós.
Alguien ya sabe.
Alguien ya está dejando.
Y el otro se queda,
abrazando la ausencia
como si todavía tuviera forma.
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Cielo Hochberg
No sé por qué siempre que escribo termino hablando de ausencias, de muerte y de amor. Será que quizás son las únicas formas de vida que conozco.
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