Amor mío acércate lento,
como quien camina descalzo sobre un campo de flores.
Que tus pasos no hagan ruido,
que tu presencia sea brisa, no viento.
Mírame con ternura,
como si en mis ojos habitaran todos los amaneceres.
No digas nada.
El silencio, a veces, prepara mejor los labios.
Deja que el espacio entre nosotros
se vuelva un suspiro sostenido,
una espera que no pesa,
una promesa no dicha.
Entonces, en esa pequeña espera.
Nuestros labios no se imponen: Se insinúan.
Se rozan como si temiera romper el momento.
Besame sin prisa,
como si tu boca supiera que no hay otro lugar más sagrado.
Escucha mi ritmo cardíaco,
y permite que el tuyo lo acompañe.
No busques incendiar,
salvo que ambos seamos fuego.
A veces, un beso es semilla.
A veces, es mar.
Y cuando sientas que has terminado,
no te retires del todo.
Quédate ahí, cerquita,
como quien no quiere despertar de un sueño hermoso.
Porque besar…
es más que juntar nuestros labios.
Es decir sin palabras:
"Estoy aquí. Y te siento."
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