No hay que tener miedo para bailar. Si se falla en el primer paso es imposible llevar a cabo esta acción.
Cuando bailamos la mirada del otro siempre va a estar sobre nosotros, y depende de nosotros tenerle miedo o no.
Para bailar hay que poner el cuerpo. Antes, debemos verificar no tener ninguna dolencia, que las muñecas y los tobillos no nos duelan, y que la vergüenza no sea un cuchillo que tenemos clavado en la boca del estómago.
No necesitamos zapatos para bailar. El toque de nuestros pies con el suelo debe ser intencionado, seguro, y en lo posible, rítmico y coordinado (lo último, puede ser opcional)
Para asegurarnos que estamos bailando el corazón de debe encontrar acelerado y en cada bombeo de sangre debemos sentir satisfacción.
Es como un mecanismo, si los pies no se mueven, mis piernas tampoco, si mis piernas tampoco se mueven, las fibras de mis brazos no se moverán y las pupilas de mis ojos no se dilatarán.
Si uno siente la música y se mueve al compás, si la emoción que acompaña en cada paso nos recorre hasta la cutícula de la uña, debo decirle, está bailando. Usted entendió como bailar.
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