¿Qué más puedo hacer si no es amarte y esperarte?
No solo las noches me desmoronan,
las veinticuatro horas del eterno y maldito día me pesan igual.
Nada me sacia.
Y tú sabes bien a qué me refiero cuando digo
nada.
Te escribo a puño y letra,
con la urgencia de quien se desangra en palabras,
te escribo lo que siento,
lo que vivo, lo que pienso,
te escribo a puño y letra.
Cuando me faltas, los excesos lo saben.
Ninguno cuaja en mi cuerpo,
ninguno silencia el caos mudo de tu ausencia.
Te prometo que lo controlo, pero el dolor puede más que yo.
Las horas que fueron tuyas y mías,
las risas,
charlas sin fin,
los besos furtivos,
el descanso en tu pecho,
tus dedos peinando mi ternura,
todo se ha vuelto en suspiros densos,
cargados de anhelo y derrota.
Te deseo.
Y le ruego a la vida abandone su empeño en hundirme,
que no me arrastre más,
y si lo hace,
me ate a ti,
que mi pago sea ese,
ser tuyo
por siempre.
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